La basura, pasado y actualidad.

Desde su aparición en la tierra, el hombre ha generado desperdicios. Es en la basura donde buscamos cuando queremos descubrir los secretos de las civilizaciones: “dime qué tiras y te diré a qué clase social perteneces”. Eso es tal cual en nuestros días. Podemos ver cómo el tipo de basura que se tira, y su volumen, está totalmente correlacionado con la situación económica del país y de la sociedad.

Tuve la suerte de participar en una campaña arqueológica en Península Mitre, Tierra del Fuego. Mi tarea fue la de hacer una descripción de la morfología en un área de estudio donde un grupo de arqueólogos estaba estudiando un yacimiento en Bahía Valentín, la última bahía del sur de Tierra del Fuego antes que la costa gire hacia el norte en el Estrecho de Le Maire, frente a Isla de los Estados.

Lo que se buscaba allí eran restos de las poblaciones Haush que habitaron esa zona hace unos cuantos años atrás. El objetivo principal de nuestra búsqueda radicaba en encontrar restos que nos dieran una clara idea de quiénes eran, cómo eran, cuáles eran los hábitos alimenticios, la forma en que cazaban, qué tipo de herramientas utilizaban y algunas otras cosas más. Dónde buscábamos? Pues en la basura, en los restos que dejaron a su paso a lo largo de los años.

Mujeres Yamana (Fuente: Expedición Científica Francesa, 1882 en limbos.org.ar)

En el caso de los antiguos habitantes de Tierra del Fuego, es interesante saber que hacían un gran fuego, colocando palos y cueros en contra del viento para refugiarse del frío. Allí hacían su vida y dejaban sus restos. No hay que ir a ningún otro lado para encontrar sus pasos. En otras palabras, dejaban la basura donde vivían y es entendible. Además de ser grupos pequeños, cambiaban de lugar periódicamente y la naturaleza se encargaba de cubrir sus huellas.

Para tener una idea, en uno de los sitios excavados, llegamos hasta los 2 metros de profundidad y llegamos a encontrar cientos de herramientas ya desechadas, restos de conchillas, huesos, cueros y hasta un esqueleto de un bebé. Todo eso era basura acumulada en un par de miles de años.

Hoy nos encontramos con algunos metros más de basura que se acumulan en muy poco tiempo. Cerca de 15 toneladas diarias salen de Buenos Aires rumbo a su destino final: Norte III, del CEAMSE. Qué hace que toda esa basura se vaya acumulando paulatinamente? Somos mucho más que dos. Millones de personas conviviendo en un espacio reducido, una efervecencia de “packaging”, “marketing”, y otros “ing” que hacen que no pensemos ni cuando compramos, ni cuando nos desacemos de tanto cartón, plástico y metal.

No podemos volver a la época de los Haush, Yamanas u Onas, pero algo podemos y debemos hacer con nuestra basura. No me voy a poner a hacer un listado con aquellas cosas que se pueden hacer, hay cientos de páginas y de estudios de lo que podemos hacer respecto a esto. Simplemente quiero llamarnos a la reflexión a través de mi propia experiencia, para pensar un poco más.

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Viaje a Konia

Regreso de Konya con una suave sensación… que traducida a un lenguaje común perderá parte de su significado, pero algo de eso pasa cuando uno comparte sus cosas más íntimas.

Tumba de Rumi

La vieja costumbre de la hospitalidad se hizo presente en cada lugar en donde estuvimos. Sólo se quebraba cuando, sin querer, rompíamos algunos de esos esquemas, ritos o costumbres de la gente del lugar. Sin embargo, allí también hubo comprensión y acercamiento. Nosotros con nuestras historias, tanteando, curioseando y tratando de descubrir en cada paso algo de esta cultura milenaria, de su gente, sus costumbres, sus creencias.

El delicado equilibrio entre ser turista y no serlo, o ser un peregrino con algo de turista. Sentirse por momentos con el derecho de entrar por su puerta, no por la de las hordas de curiosos que tanto molestan. Y darse cuenta que no somos como ellos y que tampoco es necesario serlo, ni hacer lo que ellos hacen porque ya tenemos lo nuestro y a veces un poco relegado.

Y cada lugar con lo suyo, esa hermosa mujer en la tumba del cocinero de Rumi, que nos miraba entre sorprendida y curiosa, tanto como nosotros a ella. Esas zapatillas ordenadas, ese poquito de sal lleno de amor, ese jardín encantado, ese té compartido. Pasear por las calles de Konya buscando los lugares indicados y la gente que se para y que quiere ayudar. Los que nos acompañan un trayecto y nos dice “Aquí es” en un idioma universal y el agradecimiento que se repite: “Teshekur ederim” y gracias una y otra vez.

Candeleros en la tumba de Rumi

Cuando uno llega a Turquía, lo primero que tiene que aprender a decir es, sin lugar a dudas, gracias.

Y una y otra tumba. En mi vida pensé que iba a visitar tantas y que en cada una podría beneficiarme, o no, porque yo sé que tengo una indicación clara, pero a veces las sensaciones son tan diferentes, variadas, contradictorias. Y no quiero confundirme, ya que como aquí me sentí mejor, este lugar es más energético. O porque aquí me echaron porque era la hora de la oración, este lugar es menos fuerte o es tal o cual cosa. Creo que cuanto más pienso, más posibilidades de confundirme tengo y en cuanto a las emociones tengo que tener mucho cuidado a la hora de interpretarlas.

Saber que en tal madrasa enseñó Rumi es como estar en cualquier lugar donde algo importante pasó. Pero saber que fue Rumi y no otro, cambia la perspectiva del asunto. También influye en mí, como en muchos, el entorno. En la tumba de Rumi se unen dos situaciones, la gente y el lugar. Yo me pregunto, habremos estado en el momento correcto? Pienso que sí.

Músicos derviches

Pero entre curiosos, turistas y peregrinos la cantidad de gente agobia un poco. El lugar está preparado para impactar e impacta. No vi tumbas como las del Mevlana y aunque no me sentí embargado por “mil emociones diferentes”, quedé impresionado. En mi mente quedaron las imágenes claras, suenan en mis oídos los roncos gemidos del ney, aunque no recuerdo los olores siento esa suave sensación que queda manifiesta en mi corazón.

Y también está lo pasajero, lo ritual y lo burdo que no puedo evitar. Y aunque sé que no es importante, todavía caigo en mojar el tasbi con “el agua de la fuente de la tumba de Rumi!”. Y me pregunto: para qué?! Y me vuelvo a preguntar: servirá para algo ese pétalo colocado entre dos papelitos? Y esa suave sensación vuelve y desplaza con cariño y comprensión al idiota.

Pero el tasbi ha sido mojado y el pétalo conserva todo lo que debe conservar.

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Capítulo 10 – Final a duo

Corrían hacia nosotros pidiéndonos ayuda. Sabían que nosotros teníamos el antídoto. Porque estábamos subidos al pedestal. Desde allí impartíamos… Bondad… Justicia… Piedad… (Cueq, cueq…) Omnidad… (Cueq, cueq…)

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Capítulo 9 – Irene nuevamente

Había estado todo el día pululando por las rocas, lo más cercano posible a las olas, lo suficiente para no empaparme. Pero muy, muy cerquita de ellas. Había llevado mi flauta. Me apetecía mucho sentarme en lo alto de una roca y empezar a tocar…

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Capítulo 8 – Marcelo

No me lo puedo creer, siempre soñé estar en un lugar así, que yo tuviera la oportunidad de presenciar una situación… digamos de sorpresa. Pero joder, cuando llega… parece como si no fuera de este mundo, como si fuera realmente de otra historia, como si no se tratara…

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Capítulo 7 – Otra vez el asesino

– A ver si este hijo de puta está bien muerto… parece que sí, con este tiro que le he rajado no creo que viva mucho tiempo. Y el otro dónde está? Allá está! Tomá pa’ vos! Pumba!

– Ay!!!!! Ahhhhh! Ahhhhhhh!

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Capítulo 6 – El ostia

Oye, oye tío, pero… dónde ha sido la movida! No puede ser, nada ocurre en este pueblo y para algo que pasa, yo no estoy… y no lo puedo ver…  y para colmo no hay ni sangre ni nada! Pero no hai dicho que ha habido un tiroteo? Joder! Siempre me pierdo lo mejor! Cago en la puta madre que me parió. Pero oye! pero cuéntame algo! Nada… aquí todos… no hay manera de enterarse. Quién era al que le han pegao el tiro? Pero cómo ha sido? Pero dónde está la sangre? No hay manera de enterarse… Joder, ponme una caña… que no? Que vais a cerrar? Pero bueno, pero cuéntame algo, joder!

Una mierda. Bueno, voy a ver si… a ver si aquel tipo me puede decir algo… Oye tú!

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