Capítulo 7 – Otra vez el asesino

– A ver si este hijo de puta está bien muerto… parece que sí, con este tiro que le he rajado no creo que viva mucho tiempo. Y el otro dónde está? Allá está! Tomá pa’ vos! Pumba!

– Ay!!!!! Ahhhhh! Ahhhhhhh!

– Pero mirá cómo corren estos imbéciles! Mirá como corren… los mataría a todos.

– Un locooooo! Uahhhhh!

– Los mataría a todos, si tuviera más balas… pero tengo dos, qué boludo, me olvidé de poner más balas en el rifle.

(Corre, corre! Huye, huye!)

– Pero me tengo que ir a la mierda.

(Vamos…)

– Pero no, cierto que tengo más balas, porque tengo que matar más personas!

(Qué no te cojan…)

– Me tengo que ir… pero tengo tantas ganas de quedarme! A ver camarero! me pone un té con limón.

-¡Ay, no dispares!

– Pero si ya no tengo más balas, imbécil! A ver, que alguien atienda a ese hombre que se está muriendo. A ver, y alguno que llamea la ambulancia! Bueh! Si en este bar no me atienden me voy a otro donde me atiendan mejor. Tengo un amigo en otro bar. Tengo que arreglar unas cuentas pendientes con él.

Entonces, abrí la puerta del bar, que ya estaba abierta. Me fui a mi coche que estaba a la vuelta. El caño de la escopeta estaba tibio. Soplé en la punta donde había un poco de humo, a la manera de los cowboys.

Por fin… soy el protagonista! Ahora van a hablar de mí, en todos los periódicos. Dejé tarjeta de visita, por si después tardan en encontrarme.

– Un autógrafo? Sí.

Al Capone, con ese es con quién me hubiera gustado trabajar! Esos sí que eran otros… otros tiempos. Otros negocios, negocios más importantes que este, esta porquería de la droga. Otra gente, con un poco más de … alcohol, tabaco! eso es lo que vale… y no estos chichivaines de tres al cuarto, de pueblo.

Además, en esa época pues yo no hubiera tenido que utilizar este rifle 22 de porquería que tengo y hubiera utilizado esas ametralladoras con tambor… qué genial, cómo sonaban… RATATATATÁ! Ahí sí que los hubiera matado a todos lo que estaban en el bar. Eso, eso, arreglar las cosas de esa manera. Si, de esa forma, hubiera roto todos los cristales… los mozos tirados detrás del aparador, de la barra. Y verían quién soy yo! Qué se creen que soy gilipollas. Dicen que estoy mal de la cabeza… un poco violento! Pero ellos no saben… no saben que yo… que tenía que haber estado en otro sitio… hombre importante… duro… yo estaba para dirigir el tráfico…

– El qué?

– El tráfico de drogas…

– Ah!

Eso me gusta a mi…

– Vamos! circulen, circulen. (Pip pip!) Un comando por aquí, un kilito por acá. Circulen… Usted, usted, el del coche rojo… a ver si se apura por favor… no ve que está entorpeciendo el tránsito! A ver, a ver, un poco de hachís por aquí, a ver… una rayita por acá… Y ese, ese, no pise la rayita, no la pise, pero no ve que no deja pasar la gente por el camino se cebra. Joder! No ve el semáforo en rojo? Rojo, si, ese es el color de la sangre… la sangre, no me diga? Pero escupí sangre después de tomar tanto? No puede ser…

Joder, qué tengo que hacer ahora… tengo que ir al bar del otro flaco…

Por un momento me quedé colgado en mis ideas… tantos años dirigiendo el tráfico y terminar así, matando gente. En fin, que viene el próximo.

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