Viaje a Konia

Regreso de Konya con una suave sensación… que traducida a un lenguaje común perderá parte de su significado, pero algo de eso pasa cuando uno comparte sus cosas más íntimas.

Tumba de Rumi

La vieja costumbre de la hospitalidad se hizo presente en cada lugar en donde estuvimos. Sólo se quebraba cuando, sin querer, rompíamos algunos de esos esquemas, ritos o costumbres de la gente del lugar. Sin embargo, allí también hubo comprensión y acercamiento. Nosotros con nuestras historias, tanteando, curioseando y tratando de descubrir en cada paso algo de esta cultura milenaria, de su gente, sus costumbres, sus creencias.

El delicado equilibrio entre ser turista y no serlo, o ser un peregrino con algo de turista. Sentirse por momentos con el derecho de entrar por su puerta, no por la de las hordas de curiosos que tanto molestan. Y darse cuenta que no somos como ellos y que tampoco es necesario serlo, ni hacer lo que ellos hacen porque ya tenemos lo nuestro y a veces un poco relegado.

Y cada lugar con lo suyo, esa hermosa mujer en la tumba del cocinero de Rumi, que nos miraba entre sorprendida y curiosa, tanto como nosotros a ella. Esas zapatillas ordenadas, ese poquito de sal lleno de amor, ese jardín encantado, ese té compartido. Pasear por las calles de Konya buscando los lugares indicados y la gente que se para y que quiere ayudar. Los que nos acompañan un trayecto y nos dice “Aquí es” en un idioma universal y el agradecimiento que se repite: “Teshekur ederim” y gracias una y otra vez.

Candeleros en la tumba de Rumi

Cuando uno llega a Turquía, lo primero que tiene que aprender a decir es, sin lugar a dudas, gracias.

Y una y otra tumba. En mi vida pensé que iba a visitar tantas y que en cada una podría beneficiarme, o no, porque yo sé que tengo una indicación clara, pero a veces las sensaciones son tan diferentes, variadas, contradictorias. Y no quiero confundirme, ya que como aquí me sentí mejor, este lugar es más energético. O porque aquí me echaron porque era la hora de la oración, este lugar es menos fuerte o es tal o cual cosa. Creo que cuanto más pienso, más posibilidades de confundirme tengo y en cuanto a las emociones tengo que tener mucho cuidado a la hora de interpretarlas.

Saber que en tal madrasa enseñó Rumi es como estar en cualquier lugar donde algo importante pasó. Pero saber que fue Rumi y no otro, cambia la perspectiva del asunto. También influye en mí, como en muchos, el entorno. En la tumba de Rumi se unen dos situaciones, la gente y el lugar. Yo me pregunto, habremos estado en el momento correcto? Pienso que sí.

Músicos derviches

Pero entre curiosos, turistas y peregrinos la cantidad de gente agobia un poco. El lugar está preparado para impactar e impacta. No vi tumbas como las del Mevlana y aunque no me sentí embargado por “mil emociones diferentes”, quedé impresionado. En mi mente quedaron las imágenes claras, suenan en mis oídos los roncos gemidos del ney, aunque no recuerdo los olores siento esa suave sensación que queda manifiesta en mi corazón.

Y también está lo pasajero, lo ritual y lo burdo que no puedo evitar. Y aunque sé que no es importante, todavía caigo en mojar el tasbi con “el agua de la fuente de la tumba de Rumi!”. Y me pregunto: para qué?! Y me vuelvo a preguntar: servirá para algo ese pétalo colocado entre dos papelitos? Y esa suave sensación vuelve y desplaza con cariño y comprensión al idiota.

Pero el tasbi ha sido mojado y el pétalo conserva todo lo que debe conservar.

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