Capítulo 9 – Irene nuevamente

Había estado todo el día pululando por las rocas, lo más cercano posible a las olas, lo suficiente para no empaparme. Pero muy, muy cerquita de ellas. Había llevado mi flauta. Me apetecía mucho sentarme en lo alto de una roca y empezar a tocar…

Pero también había llevado un cuaderno… preferí el cuaderno… lo saqué, lo abrí por una página en blanco… pensé, pensé, pensé… pasé de unasss… dulce… no dulce… agridulce amargura, agobio, amargura… pasé de eso… a peleas, batallas de miles de hombrecitos que estaban ahí pululando y machacando mi cabeza. Y pasé de eso a una tranquila, tranquila sensación de vuelo… al pasado… y empecé a escribir… Pasé muchas horas por ahí, pensando en mis decisiones… Aislarme a la montaña como otras veces? Tenía muchas ganas de hablar … Qué iba a decir exactamente? No lo sabía tampoco.

Fui a la feria, ya era tarde y estaba colgada en una nube. Fue un shock el entrar a vender unos “pins”. La entrada fue un poco despistada y suave. Y a la venta, la entrada a la venta también fue muy suave y simpática, fue muy bonito. Me gustó muchísimo salir de toda la historia en la que había estado sumergida la noche anterior y toda la mañana y todo el día. Simplemente estaba ahí, vendiendo… junto con él. Y con mucha más gente que aparecía por ahí… los niños, todo estuvo muy bien.

Y bueno, se acabó la feria, por ese día. Y el final, el final se alargó, que si una pizza, que si unas bromas. Yo tampoco tenía demasiadas ganas de bromear, pero estaba bien…

Por fin nos quedamos solos. Vamos a tomar algo? Si, mejor aquí. Bien. Vamos a empezar a hablar… por dónde empiezo? Elegimos un sitio… qué bonito es el lugar! Qué sorpresa, nunca hubiera esperado encontrar nada así en Villagarcía. Miramos una mesa libre. Tan sólo hay arriba, y en el rincón, al fondo.

– (Había abajo también)

Había abajo también? No me fijé. Me parecía que sólo había arriba. Abajo me fijé en un sillón que había como una concha y había una chica sentada adentro. Si no hubiera estado la chica, me hubiera gustado sentarme en ese sillón porque había muchísima atención.

Por cierto que ese sillón estaba enfrente del escenario del crimen.

Bueno, al final nos metimos al fondo en aquella mesa que quedaba libre, frente del fuego, qué acogedor. Estábamos tranquilamente, sentados, bajamos al baño, preámbulo tranquilo, lavarse las manos, pedir la copa, quitarse los guantes y empezamos a charlar.

Y así ha sido. Y así fue. Ahora había que ver qué iba a pasar, cómo se iba a desarrollar. Era un poco inevitable. Pero tenía una sensación muy drástica… y entonces… sonaron… dos petardos… uno… ni siquiera nos volvimos a ver… otro… tampoco… miramos… pero un ruido extraño siguió a ese petardazo.

Si, la gente corría hacia donde estábamos nosotros. Y empezaban a gritar: “le han matado, le han matado!”

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