Azul profundo (original)

Hace unos cuantos años, estaba sentado en mi trabajo, pensando y escribiendo… esto era lo que escribía:

Estoy solo, en mi trabajo, en el lugar de mi trabajo, pero revisando cosas personales, aquellas que me nutren, a las que busco, tratando de encontrar la punta del ovillo.  Olvido que la punta del ovillo, ambas puntas, se encuentran en mi.

Quisiera comenzar a escribir ahora, algo, para que quedara de forma que dijeran: “Qué listo, como escribía Marcelo Ferrero!”.  Pero en mi cabeza no encuentro nada, quizás sea mejor buscar en mi corazón.  Tanto me dijeron que tengo que seguir el camino del corazón, que al final, mi mente ha quedado en segundo lugar, aunque sigue trabajando de forma contínua.

Y después de estas notas, escribía un cuento Azul profundo. Lo escribí creo, inspirado en la película del mismo nombre, del año 1988, que había visto unos meses antes. La película cuenta la historia de Jacques y de Enzo, amigos de la infancia y profesionales del buceo. Cuenta la historia del amor que se tenían mutuamente, más allá de su enfrentamiento por ser el mejor del mundo. Y también del amor de Jacques por el mar y los delfines. Por algún motivo me gusta tanto nadar por debajo del agua, quedarme todo lo que puedo aguantando la respiración, observando a mi alrededor.

En fin, esa es la película. Lo que a mi me pasó es que sentí que todos tenemos nuestro azul profundo en algún lugar y esa fue la excusa para escribir este cuento, que escribí en 1991. Años después, me gustó la idea de cambiar el final y es el cuento que está publicado en este mismo lugar: Azul profundo.

Azul profundo (final original)

Azul profundo, ese era el color que llenaba todo el espacio.  Algunos peces pasaban muy cerca y no se asustaban.  Es que la paz que irradiaba ese sector del acantilado era casi imposible de romper.  Casi…, porque tenía la certeza de su capacidad de destrucción… de la paz.  Un tiempo atrás había comenzado a manejar esa capacidad y lo que hacía, allá abajo, era cultivar ese manejo para no temerle y por lo tanto no atraerlo, como si sólo temiendo lo invocara.

Se dio cuenta que el oxígeno se le agotaba… Carajo!, el reloj estaba parado desde hacía no se cuanto tiempo.  Tiró de la reserva, pero no hubo cambios, no funcionaba. Demasiados metros lo separaban de la superficie para subir sin compensar.

Tranquilidad, necesitaba tranquilidad. Pero el tiempo pasaba y cada segundo lo acercaba a lo que tantas veces había soñado, pensado, querido.  Esta vez, buscando todas las posibilidades, se daba cuenta que no tenía salida.  Demasiada experiencia, demasiados conocimientos sobre el tema como para desconocer la situación y no evaluarla.

Prefirió entonces, abandonarse y no luchar.  Pero sabía que ese abandonarse era de entrega.  Inspiró y supo que era la última vez que introducía oxígeno en sus pulmones, todos los sucesivos intentos serían vanos.  Retuvo y en el tiempo que le quedaba se despojó de los tubos, de la escafandra, de las aletas, del traje.  Sintió todavía el agua helada rodearle el cuerpo, pero la sensación era diferente.

Quedó completamente desnudo y los pulmones pidieron más.  Las contracciones se hicieron más fuertes, se mareó, dejó de tener sentido de la orientación.  Dónde estaba arriba, abajo, derecha o izquierda. Quizo respirar y el agua inundó los pulmones, lo que antes tenía aire, ahora era líquido puro.  Intuyó, una sombra, una oscuridad y fue lo último que hizo, hacia allí se dirigió.  Perdió el sentido y lloró.  Algo, alguien le tomaba la cabeza, tironeaba de él para arrancarlo, pero no podía, no podía, no podía y pudo.

Inmediatamente sintió la fuerza retomar su cuerpo.  Era un mundo distinto aquél.  Lleno de luz amarilla.  Todo amarillo.  “Dónde estoy?” se preguntó.

No supo responderse inmediatamente, nada era familiar, nada era conocido.

Se vio a si mismo acostado sobre una superficie como metálica, pero no sentía diferencia de temperatura entre su cuerpo y el suelo…  Será el suelo?.

Nada podía distinguir, pero había cosas, sólo cosas, no reconocía gente, o algo parecido, todo estaba envuelto en una bruma.

Al cabo de un rato, pudo incorporarse.  Se encontraba tal como recordaba que había quedado, desnudo.  No sentía frío.  Ni calor.  En realidad no sentía nada.  Exploró su corazón, no había sentimientos.  Exploró su mente, no había pensamientos.  Sólo en un mundo amarillo, allí se quedó, parado, un tiempo que tampoco pudo calcular.  Sólo tenía conciencia.

Se produjo un movimiento en la niebla, que pudo percibir por una brisa que la arremolinó.

A lo lejos, pudo percibir algo de mayor claridad, en medio de una homogeneidad amarilla, algo, sólo un poco más brillante.  Mientras caminaba, sentía fortalecer su interior.  No llegaba a hilar ninguna idea, ningún pensamiento, tan intuitivo que era y no sentía nada.  Solamente confiaba que hacia esa luz debía avanzar.

No podía distinguir diferencias, no se agrandaba, no se achicaba, no palidecía ni se intensificaba.  Al cabo de una eternidad se detuvo.  Se daba cuenta, que no había puesto su mirada en otra cosa, que no fuera la luz.  Se dio vuelta y logró divisar otra fuente de luz, y otra, y otra.  Ahora no sólo había allá, sino también arriba y abajo, el suelo, la superficie metálica ya no existía, y todo comenzó a girar en torno de si.

Pronto descubrió que se encontraba en el círculo periférico.  Aquél que tantas veces, en sueños, había divisado desde lejos.  Aquél que había visto, desde el aquí, con una mezcla de temor y deseo.  Lo llamaba “círculo periférico”, porque sabía que todo giraba alrededor de algo, pero que nunca podría estar en el centro.  Pero sabía que allí tendría la certeza de lo que tantas veces había buscado en su vida.  Pero que ahora ya no era su vida.

Era la muerte misma en forma de energía, que le brindaba toda su fuerza y toda la luz.  Si, supo que estaba muerto, y que jamás volvería a la vida.  Pero lo que vio en esos momentos, colmaron todas sus expectativas, supo también que había estado siempre  equivocado, que sólo encontraba allí, lo que tantas veces había negado con tanta fuerza, porque en realidad era lo que siempre había deseado tanto.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en cuentos, pensamientos y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s