Recuerdos de la Antártida (8): Llegada a Jubany (18 de octubre)

18 de octubre, viernes

Parece casi ayer que estaba escribiendo en Marambio y hoy lo hago en Jubany.  No he tenido tiempo hasta recién de ponerme a escribir.

El viaje en el TWIN desde Marambio a Jubany el día 17 salió a las 10 de la mañana aproximadamente.  Duró 1 hora 15 minutos o un poco menos ya que teníamos viento de cola.  Sin embargo el viaje fue tranquilo y muy vistoso.  Sólo al último se nubló un poco y por suerte ya que sobre las nubes se formó un arco iris y en el medio la sobra del avión, tomé varias fotos de todo el viaje (Fotos de Antártida).

Viaje de Marambio a Jubany (pasando por Esperanza)Isla 25 de Mayo con la ubicación de la Base Jubany

Nos recibieron muy bien y enseguida despedimos a Rudy del Valle, geólogo y unos polacos que viajaban a la Base Esperanza a realizar un trabajo en glaciares.  Lástima que se fue Rudy, pero nos vamos a comunicar con él mañana sábado y charlaremos de geología y otras cosas.

Hoy salimos a caminar con tres biólogos de la base, Alejandro y yo.  Fuimos a acompañarlos a realizar censos y mediciones de manadas de elefantes marinos (se dice manadas?).  Estuvimos en pingüineras, vimos lobos marinos, focas de Weddell, manchadas y hermosas, pingüinos Adelia y Papúa (los de pico rojo), gaviotas, gaviotines, petreles, palomas antárticas, y por supuesto cientos de elefantes marinos.  Estaban con sus crías, en harenes.  Machos de dimensiones colosales, 4 toneladas, pavada de animalito.  Fue una hermosa experiencia.  Me sentía como una especie de espectador de una naturaleza dispuesta a dar todo.  Pensaba en las veces que uno ve trabajos por televisión o películas y de pronto me encuentro en medio de todo eso.

19 de octubre, sábado

Hoy me desperté a las 10 de la mañana.  Se duerme muy bien y profundamente.  Sueño con frecuencia pero no recuerdo el sueño en si.  Trataré de recordarlo y si puedo anotarlo.  Veremos más adelante como puedo analizarlo.  Trato de estudiar o por lo menos observar las reacciones, sensaciones que tengo para compararlas con otros y de alguna forma saber porque ocurren.  Me parece interesante, sobre todo por lo que me espera de vuelta a la isla.  Me siento bien, aunque un poco en bolas por falta de un trabajo concreto que se resumiría a recoger muestras de rocas y otras yerbas, en los primero 15 días.  Además como anotaba antes, espero esta noche la comunicación con Rudy para que me ubique en la zona a nivel geológico.  Zonas interesantes, algún que otro estudio en estructura en la punta oeste del refugio o de la base.

“Geoantar, el equipo de geología de la DNA, es como el caballo fde Atila, los bárbaros, donde pasa no queda nada en pie, las montañas se derrumban, el hielo se derrite y cuantas cosas más”.

Esto me lo comenta Villacorta que hace las veces de cocinero por falta del “manco” Alfonso que viajó con Rudy y que también reemplazaba al verdadero cocinero que tuvo que viajar por razones particulares.

Nos contaron el caso de otro pibe, Claudio, que tuvo un accidente.  La hélice del Twin le pegó en la cabeza y la cosa fue grave.  Tuvo la suerte que el Hércules estaba en Marambio, más que eso, estaba haciendo apoyo y andaba por arriba.  El KB, el de combustible.  Rápidamente le pisieron Decadrón y lo mandaron a Marsh en el Twin donde aterrizó el Hércules que lo llevó directamente a Río Gallegos.  Increible la casualidad que le salvó la vida ya que el golpe había sido sumamente grave.

La dotación había tenido varias bajas por causas diversas, primero el cocinero, después Claudio, el biólogo que trabajaba en peces, el “manco” Alfonso, que había viajado con Rudy, pero que se quedaría en Marambio por razones de salud y posteriormente el “Doc” de Jubany, que era psiquiatra, se tendría que volver por razones particulares también.  En la base quedaban en ese momento, Villacorta, Guzi, otro Claudio, radiooperador, Jorge, buzo que ayudaba a Claudio y que quedó a cargo de las investigaciones de los peces, Saleme, un suboficial meteorólogo que también estaba bastante tocado, ya que vivía casi exclusivamente en la estación meteorólógica que era también el lugar donde dormíamos, el grupo de Daniel, biólogo encargado de la investigación de los elefantes marinos, que estaba acompañado por Gabriel, también biólogo y Aldo que trabaja en el mismo grupo, Alejandro y yo, Marcelo.  10 personas a las que unos días después se agregaría Rudy, con el que seríamos 11.

Una cosa que hablaba con Daniel era el hecho por el cual la vida antártica hace que cuando se vuelve no se puede estar atado a nada.  Se pretende estar libre de ataduras y lo proyecto a que algo de eso puede haber ocurrido conmigo en Ushuaia, ya que también allí hay cierta soledad que puede provocar esa reacción.  Me fascina la idea de volver con algunos mambos supuestamente inentendibles para observar las reacciones que se producen del otro lado.

Esta mañana desde temprano estuve hablando de geología con Saleme.  Es reconfortante aunque sea hablar y explicar algunos fenómenos geológicos.  También me estuvo informando de lugares de muestreo de fósiles (plantas) de la cual nos obsequió una muestra bastante bonita (MT 012).

Hoy hace un lindo día.  Es probable que salgamos a acompañar a censar elefantes.  Por otro lado, Jorge iba a salir en el bote pero hay viento suficiente como para molestar la navegación ya que termina el paseo todo mojado.  Veremos si más tarde amaina un poco.  Pero me parece que está más fuerte.  Vamos a intentar llamar a casa.

Salimos a censar a las 11 de la mañana.  Tomé fotografías blanco y negro de diversas especies de animales.  Tomas parecidas a las del Rollo 3 (diap. color).  Encontramos una hembra de elefante marino muerta y dos cachorros, uno con la hembra muerta y el otro en el medio de una manada.  Donde una paloma antártica comía sus vísceras. La paloma antártica, blanca y pura como la que dibujó en su simplicidad Picasso, no es ni tan blanca, ni tan pura. A diferencia de las palomas de las plazas, come carne de animales muertos, es un animal carroñero y uno de los “buitres” antárticos.

Estoy a unos 500 m del “refugio marino” hacia el norte.  En la playa (bajamar) en la zona donde hay una prolongación de cantos rodados hacia el mar, encuentro dos bloques, uno de migmatita (2,5 m) no se observa profundidad ya que está enterrado.  Está totalmente fracturado aunque macizo y se observan microfallas.  El otro bloque es más chico y se trataría de un granito de grano medio con feldespato potásico.  Lo curioso de esto es que están solos entre bloques de basalto en lo que parece un afloramiento de esta roca sobre la playa.

25 de octubre, viernes

Ayer salí con Jorge y Guzy a tirar las redes de fondo.  Salimos en el bote de goma que tiene un motor fuera de borda.  Llevé la máquina de fotos y tomé fotografías.

Fue un viaje muy lindo.  Primero echamos las redes de fondo.  Existe un peñón en la salida de la Caleta Potter donde hay un amarre.  Se engancha una cuerda y se deja caer mientras el bote va marcha atrás.  En el final de la primera cuerda hay una plomada de 5 kilos a la que se ata la red de fondo.  En el otro extremo de la red, una vez echada se ata otra soga a la que va unida la boya.

Cuando volvíamos se levantó un poco de viento y yo estaba ubicado tan bien que el agua que saltaba dentro del bote era toda para mi.  Conclusión: me empapé y me re-con-tra-ca-gué-de-frío.  Estaba con calzoncillo largo, vaquero, botas, camiseta, pulóver y campera naranja.  Con unos guantes de lana.  El frío que pasé fue grande, lo que no quiere decir que no lo haya disfrutado.  Fuimos a buscar una boya que estaba suelta cerca del glaciar y entre los hielos que por el viento se habían acumulado en la orilla.

Sobre algunos pequeños témpanos estaban “apostados” unos leopardos marinos a los cuales, por la forma del cuerpo y de la cabeza yo bauticé “vívoras marinas”.  Metimos el bote entre los hielos y recuperamos la boya[1].  A esta altura las manos las tenía congeladas y los guantes abandonados ya que prefería tener las manos al desnudo.

Una linda experiencia, ya que la compartíamos con los de la casa, que quedaba relativamente cerca por la playa, que nos hablaban por los “Handy”[2] y nos ponían música.  Bueno fue cuando llegamos, ya que tuvimos que sacar todo del bote para poder levantarlo sobre los pequeños témpanos que se había quedado varados en la orilla de la playa por la bajamar.

Esperamos recuperar algunas especies de la red de fondo para el muestreo marino.  En la playa, cuando la marea baja, quedan muchísimos ejemplares de krill.  Pero no podemos recuperar todavía ninguno vivo.  Además se descomponen inmediatamente, apenas se exponen al aire.  Solo en algunos sitios, cuando quedan “ollitas” entre las rocas podremos encontrar algunos atrapado.  Tampoco se los puede capturar en las redes de fondo por ser muy chicos. El krill es muy apreciado por los orientales y son el alimento principal de las ballenas azules.


[1] Aquí viene el recuerdo ya que dentro del bote éramos tres.  Yo iba apartando los témpanos del frente del bote para que éste pudiera pasar, mientras Guzy manejaba el motor.  Pero cuando estábamos cerca de la boya, Jorge, en un acto un poco temerario, saltó arriba de unos témpanos para poder agarrar la boya con una cuerda.  Fue una imprudencia ya que podía resbalar y caer entre los témpanos y el peligro era doble, por un lado el agua estaba por debajo del punto de congelación, con lo cual no podía aguantar mucho, sobre todo pensando que nosotros no podíamos llegar a él fácilmente.  Pero el otro peligro eran los leopardos marinos que son bastante carniceros y no se que hubiera pasado.  Este tipo de cosas son las que pueden ocasionar los accidentes mortales en Antártida que en otro lugar son juego de niños.

[2] Los “Handy” son las radio Motorola portátiles que utilizábamos todo el tiempo cuando salíamos de excursión.

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2 respuestas a Recuerdos de la Antártida (8): Llegada a Jubany (18 de octubre)

  1. marceloferrero dijo:

    Gracias Sarita! Un viaje sorpresa fue ése y todo lo que pude captar. Te mando un beso.

  2. Sarita dijo:

    Marce, Qué lindo diario de viaje!!! para mi sos toda una sorpresa! Un Abrazo

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