Azul profundo

Azul profundo, ese era el color que llenaba todo el espacio. Algunos peces pasaban muy cerca y no se asustaban. Es que la paz que irradiaba ese sector del acantilado era casi imposible de romper. Casi…, porque tenía la certeza de su capacidad de destrucción, de la paz. Un tiempo atrás había comenzado a manejar esa capacidad y lo que hacía, allá abajo, era cultivar ese manejo para no temerle y por lo tanto no atraerlo, como si sólo temiendo lo invocara.

Se dio cuenta que el oxígeno se le agotaba… Carajo!, el reloj estaba parado desde hacía no sabía cuanto tiempo. Tiró de la reserva, pero no hubo cambios, no funcionaba. Demasiados metros lo separaban de la superficie para subir sin compensar.

Tranquilidad, necesitaba tranquilidad. Pero el tiempo pasaba y cada segundo lo acercaba a lo que tantas veces había soñado, pensado, querido. Esta vez, buscando todas las posibilidades, se daba cuenta que no tenía salida. Demasiada experiencia, demasiados conocimientos sobre el tema como para desconocer la situación y no evaluarla.

Prefirió entonces, abandonarse y no luchar. Pero sabía que ese abandonarse era de entrega. Inspiró y supo que era la última vez que introducía oxígeno en sus pulmones, todos los sucesivos intentos serían vanos. Retuvo y en el tiempo que le quedaba se despojó de los tubos, de la escafandra, de las aletas, del traje. Sintió todavía el agua helada rodearle el cuerpo, pero la sensación era diferente.

Quedó completamente desnudo y los pulmones pidieron más. Las contracciones se hicieron más fuertes, se mareó, dejó de tener sentido de la orientación. Dónde estaba arriba, abajo, derecha o izquierda. Quiso respirar y el agua inundó los pulmones, lo que antes tenía aire, ahora era líquido puro. Intuyó, una sombra, una oscuridad y fue lo último que hizo, hacia allí se dirigió. Perdió el sentido, algo, alguien le tomaba la cabeza, tironeaba de él para arrancarlo, pero no podía, no podía, no podía y pudo.

La primera sensación fue de frío, un frío que lo invadía, miedo, ruidos extraños, todo borroso, no comprendía y lloró, tosió, y expulsó el agua de los pulmones, pudo gritar a gusto. Inmediatamente sintió un cuerpo cálido y húmedo de transpiración en contacto con el suyo. Reconoció los mismos latidos que lo había acompañado durante esos largos nueve meses.

Galicia, 1991

Anuncios
Esta entrada fue publicada en cuentos y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Azul profundo

  1. Pingback: Azul profundo (original) « Palabras e imágenes para compartir

  2. marceloferrero dijo:

    Yo se que sos de buena madera y que te sentís de alguna manera identificada con el cuento. Pues hacés bien en identificarte porque lo hice pensando en vos. Yo también te quiero mucho!

  3. Mamá dijo:

    Vos sabés que esto que hoy vuelvo a leer, me emociona mucho. Y que lo hayas puesto en la página, un poco más… Te quiero!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s